El DIF Monterrey organizó la dinámica «Experiencia Oscura 2026» para sensibilizar sobre la discapacidad visual, evento que se desarrolló en un restaurante de la ciudad y fue encabezado por Gaby Oyervides, directora del instituto, junto con funcionarios locales. Aunque el objetivo es promover la empatía, la elección de un espacio privado como sede plantea dudas sobre el compromiso real con la accesibilidad, ya que la infraestructura pública en Monterrey sigue presentando barreras para personas con discapacidad.

Gaby Oyervides, como titular del DIF, asume una responsabilidad directa en la implementación de políticas inclusivas, pero la actividad parece más un acto simbólico que un paso concreto hacia la transformación. Los funcionarios locales, al participar, refuerzan su imagen de apoyo a la causa, aunque su historial en temas de accesibilidad no ha sido verificable. La falta de datos sobre avances reales en proyectos de infraestructura o legislación refuerza las sospechas de vacuidad en la agenda de inclusión.

El contexto de la iniciativa se enmarca en un periodo de creciente exigencia ciudadana por políticas públicas efectivas. Sin embargo, la «Experiencia Oscura» no responde a demandas específicas de la comunidad discapacitada, como la adecuación de espacios públicos o la formación de personal en atención a personas con necesidades especiales. Esto refleja un enfoque de comunicación más que de acción, priorizando la visibilidad sobre la resolución de problemas estructurales.

Las implicaciones políticas de este tipo de eventos son significativas. Mientras se celebra la sensibilización, persisten carencias en la ejecución de programas que garantizarían derechos básicos. La crítica hacia el DIF y sus aliados se centra en la inconsistencia entre declaraciones y hechos, lo que puede generar desconfianza en la ciudadanía y afectar la credibilidad de las instituciones encargadas de la inclusión. La pregunta clave es si este tipo de actividades son un preludio de cambios reales o solo un discurso vacío.