El economista y activista social Waldo Fernández destacó en una entrevista reciente que los jóvenes de Nuevo León enfrentan serias dificultades para acceder a viviendas adecuadas, lo que ha generado un desafío socioeconómico en la región. Según sus comentarios, el problema principal radica en los altos precios de los inmuebles y su ubicación, que limitan las opciones para los menores de 30 años, quienes suelen tener ingresos limitados.

Según Fernández, muchos jóvenes optan por radicarse en zonas periféricas de ciudades como Monterrey, donde los costos de vida son menores, pero esto implica mayores gastos en transporte y tiempos de traslado prolongados. Esta situación, señaló, no solo afecta su calidad de vida, sino también su capacidad para acceder a oportunidades laborales y educativas, lo que puede generar un círculo de desigualdad intergeneracional.

El contexto de este problema está ligado a la escasez de vivienda asequible en la región, un fenómeno que se ha agravado por la alta demanda y la especulación inmobiliaria. Además, la falta de políticas públicas enfocadas en la construcción de viviendas para grupos de ingresos medios y bajos ha exacerbado la situación. Fernández subrayó que el acceso a una vivienda digna es un derecho fundamental, pero en la práctica, muchos jóvenes se ven obligados a priorizar entre alojamiento y otros necesidades básicas.

Las consecuencias de este escenario incluyen un aumento en la precariedad laboral, ya que los tiempos de desplazamiento reducen la productividad, y una mayor dependencia de servicios públicos insuficientes en las zonas periféricas. Expertos coinciden en que sin intervenciones urgentes, como subsidios, regulación del mercado inmobiliario o programas de construcción social, el problema podría escalar, afectando no solo a los jóvenes, sino también al desarrollo económico de la región.