Este fin de semana, en el Monumento a la Revolución de la Ciudad de México, se desarrolló una competencia inusual que atrajo a decenas de jóvenes. La actividad, denominada «batalla de farmear aura», se centró en demostrar habilidades en un juego de video, donde los participantes utilizaban movimientos y emotes para ganar puntos. El evento, organizado de manera informal, se convirtió en un punto de encuentro para fans de esta mecánica de juego, que implica recolectar recursos virtuales mediante combinaciones de acciones específicas.

El ganador de la competencia fue un niño de 11 años, quien logró destacar entre los participantes con su estrategia y ejecución. Al finalizar, recibió un premio en efectivo de 3 mil pesos y el reconocimiento de la comunidad. Aunque no se revelaron detalles sobre la organización del evento, se mencionó que los asistentes se reunieron espontáneamente, lo que sugiere un crecimiento orgánico de este tipo de actividades en la capital. La participación de menores de edad generó comentarios mixtos, con algunos destacando su talento y otros cuestionando la adecuación de la actividad para esa edad.

El «farmear aura» es una práctica común en juegos como League of Legends, donde los jugadores buscan optimizar la recolección de recursos para mejorar sus personajes. En la CDMX, esta práctica ha ganado popularidad entre los jóvenes, quienes la ven como una forma de competir y compartir habilidades. Sin embargo, la falta de regulación y la falta de espacios públicos dedicados a este tipo de actividades han generado desafíos para los participantes, quienes a menudo se reúnen en lugares no autorizados.

Las consecuencias de este tipo de eventos son múltiples. Por un lado, reflejan la influencia de los videojuegos en la cultura juvenil mexicana, donde las competencias se convierten en una forma de socialización. Por otro, plantean preguntas sobre la seguridad y el entorno adecuado para este tipo de actividades. Aunque no se ha confirmado si se realizarán más competencias, la participación de un menor de edad y la informalidad del evento han generado debate sobre cómo fomentar estas prácticas de manera responsable.