La Preparatoria 25 de la Universidad Autónoma de Nuevo León realizó un homenaje al doctor Eduardo Aguirre Pequeño en la Biblioteca «Israel Cavazos Garza», como parte de su compromiso con la memoria histórica y el reconocimiento de figuras destacadas en la ciencia y la educación. El evento contó con la presencia del secretario general de la institución, José Javier Villarreal, y la directora académica, Armida Riestra de la Cruz, quienes destacaron la importancia de conmemorar a quienes han contribuido al desarrollo de la medicina y la investigación en el país.
El doctor Eduardo Aguirre Pequeño, cuyo legado se centra en su valiente experimento de 1939, se convirtió en un referente en la lucha contra enfermedades infecciosas. Durante ese año, se sometió voluntariamente a una inyección de bacteria para estudiar el mal del pinto, una enfermedad causada por el virus de la fiebre aftosa, lo que permitió avances significativos en la comprensión de la inmunología y la prevención de brotes. Su actitud, considerada revolucionaria en su época, reflejó un compromiso inquebrantable con la ciencia y el bienestar colectivo.
El homenaje no solo busca conmemorar su trayectoria, sino también inspirar a nuevas generaciones de estudiantes y profesionales en el campo de la salud. La biblioteca, nombre en honor al destacado historiador y periodista israelí Cavazos Garza, se convirtió en un espacio simbólico para recordar cómo la investigación y el sacrificio individual pueden impactar a la sociedad. Los asistentes, entre ellos docentes y alumnos, resaltaron la relevancia de su trabajo en un contexto donde la ciencia enfrenta desafíos como la desinformación y la falta de recursos.
La conmemoración de Aguirre Pequeño también refleja un esfuerzo por recuperar historias olvidadas que han moldeado la medicina mexicana. Su ejemplo se enmarca en una tradición de científicos que, a pesar de las limitaciones de su época, pusieron su vida al servicio del conocimiento. En un momento en que la salud pública enfrenta crisis como la pandemia de COVID-19, su legado sirve como recordatorio de la importancia de la ética, la innovación y la colaboración en la ciencia.
