La Feria Internacional del Libro de Monterrey (FIL) anunció una venta nocturna el 16 de octubre en Cintermex, con horarios de 19:00 a 22:00 horas, promoviendo descuentos exclusivos y acceso gratuito. Sin embargo, el anuncio carece de transparencia sobre los mecanismos de selección de los stands participantes, las garantías de equidad en las promociones o el respaldo institucional que respaldará este evento, lo que genera dudas sobre su gestión.
El rol de las autoridades locales y los organismos culturales en la organización de la FIL es clave, ya que su participación implica responsabilidades de garantizar que actividades como esta no se conviertan en plataformas para intereses privados. La falta de información sobre los patrocinadores o el control de los descuentos sugiere una posible falta de rendición de cuentas, lo que podría afectar la confianza pública en la gestión cultural del estado.
El contexto de la venta nocturna se enmarca en un periodo de creciente demanda por espacios culturales accesibles, pero también en un entorno económico donde la reducción de subsidios públicos a la cultura podría incentivar prácticas comerciales que prioricen ganancias sobre el acceso universal. La promesa de «sorpresas» y «promociones» en stands no revela si estas medidas están alineadas con políticas públicas o si buscan capitalizar la asistencia para fines comerciales.
La falta de claridad sobre cómo se distribuirán los beneficios de la venta nocturna, junto con la ausencia de mecanismos de supervisión externa, plantea riesgos de que el evento se convierta en una herramienta de legitimación para actores económicos que no han demostrado compromiso con la equidad cultural. Esto refleja una brecha entre la promoción de la lectura y la realidad de la gestión pública en materia de cultura.
La FIL, como evento de envergadura, tiene la responsabilidad de ser un referente de transparencia y equidad. Sin embargo, la omisión de detalles sobre su planificación y el silencio sobre los actores detrás de las promociones cuestiona su enfoque en el interés público. Esto no solo afecta la credibilidad de la institución, sino también la confianza de la ciudadanía en la gestión de espacios culturales.
El anuncio de la venta nocturna, aunque aparentemente benévolo, resalta la necesidad de una mayor vigilancia sobre cómo se manejan los recursos y la programación cultural en el estado. Si no se aborda este tema con rigor, podrían surgir precedentes que prioricen intereses particulares sobre el acceso a la cultura, debilitando la función social de eventos como la FIL en un contexto de desigualdad creciente.
